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martes, 12 de enero de 2016

Sistemismo en Ciencias Sociales


II CONFERÈNCIA ANUAL ERNEST LLUCH

A càrrec del Dr. Mario Bunge, Físic, filòsof i epistemòleg.
Professor de Lògica i Metafísica a la McGill University (Montreal, Canadà) Dilluns 31 de març de 2008. Paranimf de la Universitat de Barcelona.

"¿Personas, sociedades o ambas? El Enfoque sistémico de los problemas sociales"

DOS ENFOQUES: SECTORIAL Y SISTEMICO

Vivir es enfrentar y resolver problemas. 

Y toda vez que abordamos un problema adoptamos un punto de vista o enfoque general. O sea, nos basamos sobre alguna visión general y emprendemos una averiguación usando algún método. Si fallara uno de estos componentes, ya sea la visión general o el método, no lograríamos siquiera plantear el problema de manera inteligible.
Por ejemplo, un ingeniero o un administrador de empresa no logrará descubrir sus problemas, ni menos aun resolverlos, si, siguiendo a Husserl, hace de cuenta que el mundo no existe de por sí, piensa solamente en sí mismo, y confía más en su intuición que en la observación y el cálculo.

En lo que sigue sugeriré que el enfoque más promisorio de cualquier problema, sea teórico o práctico, consiste en la concepción sistémica unida con el método científico.
La primera ayuda a identificar y plantear problemas, y el segundo a resolverlos.

La concepción sistémica consiste en suponer que los objetos en cuestión, lejos de ser simples o de estar aislados, son sistemas o partes de sistemas. 
A su vez, un sistema es un objeto complejo que tiene propiedades globales y se comporta como un todo debido a que sus componentes están unidos entre sí.

Acaso la manera más persuasiva de defender la necesidad de adoptar el enfoque sistémico sea exhibir las deficiencias de su opuesto, el enfoque sectorial. 

Consideremos tres ejemplos de éste: el mito del gene egoísta, el Puente del Milenio, y el economicismo.

El mito del gene egoísta, imaginado por el exitoso periodista científico Richard Dawkins, consiste en que somos nuestros genomas. Este mito supone que la molécula de AND se replica por sí misma, lo que es falso, porque es un ente bastante inerte al que divide la acción de una enzima. También supone que la existencia misma del organismo es paradójica, puesto que el organismo no sería sino el vehículo del que se valen los genes para propagarse; también esto es falso, porque los que se adaptan y son seleccionados por el ambiente no son genes sino organismos
El mito en cuestión también supone que el ambiente no es modificado por el organismo, lo que también es falso, como, lo muestran por ejemplo, los hormigueros y la enorme cantidad de tierra que pasa por el intestino de una lombriz. 

En resumen, el mito del gene solitario es contradicho por la bioquímica, la biología y la ecología.

Segundo ejemplo: el elegante Puente del Milenio, inaugurado en el año 2.000, fue diseñado por Lord Norman Foster, el ingeniero más innovador del siglo XX. Al cortarse la cinta ceremonia, la muchedumbre se precipitó sobre el puente, el que empezó a oscilar horizontalmente. 
Cuando el puente se movía a la derecha, el transeúnte se inclinaba a la izquierda para no caerse. Pero de esta manera ejercía sobre el piso una fuerza que contribuía a que el puente se desplazase a la derecha. La amplitud de las oscilaciones fue tal, que la gente tuvo que regresar a tierra como pudo. 

¿A qué se debió este fracaso, el primero en la brillante carrera de Lod Foster? 

A que éste olvidó el favor humano en sus ecuaciones: olvidó que los puentes se diseñan y construyen para ser usados por personas, las que no son pesos muertos. Un cálculo reciente (Strogatz et al. 2005) muestra cómo incluir la reacción humana en las ecuaciones de movimiento del puente.
Las ecuaciones correctas son tan sencillas que están al alcance de cualquier estudiante de ingeniería.

Mi tercer y último ejemplo de pensamiento sectorial es el economicismo, sea de izquierda como el de Karl Marx, o de derecha como el de Gary Becker y los demás entusiastas de las teorías de elección racional. En todas sus versiones, el economicismo postula que la actividad económica es primaria, y todo lo demás es secundario. 

La realidad muestra que esto es falso: que el ambiente natural, la política y la cultura son tan importantes como la economía. 

Por ejemplo, una calamidad natural puede destruir una ciudad; una agresión bélica puede arruinar tanto al agredido como al agresor; y una invención científica o técnica puede iniciar una nueva era. 

En otras palabras, la sociedad debe entenderse como un sistema constituido por cuatro subsistemas: biológico, económico, político y cultural. Además, en la vida real los intereses materiales se combinan con los sentimientos morales. Por ejemplo, los egoístas totales, aunque los hay, son una minoría (v. Gintis et al. 2005).

Volvamos ahora a consideraciones generales sobre sistemas. 

Los hay de varias clases: 
físicos, tales como átomos y rayos láser; 
químicos, tales como pilas eléctricas y pilas de compost; 
biológicos, tales como células y ecosistemas; 
sociales, tales como familias y empresas; 
técnicos, tales como ordenadores y fábricas; 
conceptuales, tales como clasificaciones y teorías; 
y semióticos, tales como textos y partituras musicales. 

Un sistema no es un individuo elemental ni una colección carente de estructura.

Los quarks, electrones y fotones son elementales, no compuestos. Y las dunas, los basurales y las muchedumbres son conglomerados pero no sistemas, porque carecen de estructura. Pero tanto los sistemas como los individuos elementales y los conglomerados están inmersos en algún entorno. (Excepción: el universo.)

Hasta aquí hemos señalado tres características de un sistemas: 
su composición, o conjunto de sus partes; 
su entorno, o conjunto de los objetos con los que está relacionado; 
y su estructura, o conjunto de los vínculos entre las partes y entre éstas y aquellos componentes de su entorno que lo afectan o que son afectados por el sistema. 

O sea, hemos identificado tres aspectos de un sistema: su composición, entorno y estructura. 
Esto basta para caracterizar un sistema estático.

Pero sólo los sistemas conceptuales y semióticos son estáticos: todos los demás cambian. En este caso debemos agregar una cuarta característica: el mecanismo peculiar que mantiene o transforma al sistema. Ejemplos de mecanismo: la fusión nuclear en una estrella, la fermentación en una cuba de vino, el metabolismo en una célula, el trabajo en una empresa, el aprendizaje en una escuela, y el flujo de información en una red de comunicación.

En resumen, el modelo más simple de un sistema s es la cuaterna ordenada:

μ(s) = < C(s), E(s), S(s), M(s)>, donde M(s) = ? para los sistemas conceptuales y semióticos.

Este modelo es cualitativo. 

En las ciencias y técnicas se necesitan también modelos cuantitativos, ya que ellas estudian cosas concretas o materiales, todas las cuales poseen propiedades cuantitativas, tales como numerosidad, energía, y edad. 
Por ejemplo, un ecosistema compuesto por una población de depredadores, tales como zorros, y otra de presas, tales como liebres, se describe en forma aproximada mediante un par de ecuaciones de Lotka-Volterra. Estas describen cómo, al aumentar una de las poblaciones, disminuye la otra. Este proceso se representa mediante una curva o trayectoria cerrada en el espacio de los estados posibles del sistema, espacio cartesiano cuyas .coordenadas son las poblaciones de los animales en cuestión.

Todas las ciencias utilizan espacios de estados. Por ejemplo, en termostática se usa el espacio abstracto presión-volumen-temperatura; en mecánica cuántica, espacios de Hilbert; y en microeconomía, espacios precio-cantidad.

Lo que antecede es bien sabido por científicos y técnicos, pero ignorado por la enorme mayoría de los filósofos, al punto que ningún diccionario filosófico, salvo el mío, dilucida los términos 'sistema', 'mecanismo', 'estado', 'espacio de estados', 'enfoque sistémico' y 'sistemismo'. Esto muestra que la filosofía sigue yendo a la zaga de la ciencia y de la técnica. Esto explica también por qué la enorme mayoría de los filósofos son, ya individualistas, ya globalistas (u holistas), antes que sistemistas. También explica por qué hoy día ni científicos ni técnicos leen a filósofos.

Los individualistas ponen atención a los componentes de los sistemas, pero pasan por alto su estructura. Los globalistas subrayan, con razón, la importancia de las totalidades y el hecho de que éstas poseen propiedades (emergentes) de las que carecen sus componentes; pero niegan la posibilidad de explicarlas exhibiendo estructura y mecanismo: son irracionalistas.

En términos metafóricos, los individualistas ven los árboles pero se les escapa el bosque como unidad de nivel superior, y que posee propiedades, tales como biodiversidad, que no poseen los árboles. En cambio, los globalistas ven el bosque pero no los árboles. Los ecólogos, guardas forestales y administradores ven tanto la totalidad como su composición y las propiedades sistémicas del bosque, tales como su contribución al suelo y a la atmósfera.

Con los sistemas de otros tipos sucede algo similar. 

Por ejemplo, el zoólogo estudia tanto las características globales de los animales (hábitat, edad, dieta, modo de reproducción, etc.), como sus partes (órganos, células, etc.); el lingüista se interesa tanto por la sintaxis y el significado de un texto como por las palabras que lo componen; y el sociólogo se ocupa tanto de las organizaciones como de las personas que las constituyen y transforman.


martes, 8 de diciembre de 2015

Ayn Rand, entrevista [3 de 3] con Tom Snyder

Ayn Rand, entrevista [2 de 3] con Tom Snyder

Ayn Rand, entrevista [1 de 3] con Tom Snyder

Excelente crítica de un pésimo libro sobre Ayn Rand

Excelente crítica de un pésimo libro sobre Ayn Rand

Archivado en Ayn_Rand , Capitalismo , Principios , Tea_Party70 Comentarios
Crítica escrita por Sarah Rolph y publicada enAmazon.com sobre el libro “La Nación de Ayn Rand: La Lucha Oculta por el Alma de América”, de Gary Weiss.
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“Mal intencionado y salvajemente mal informado”.
El autor de este libro entiende mal tantas cosas sobre Ayn Rand que uno se pregunta si lo ha hecho a propósito.
Ayn Rand “vivía para la política”, dice. Él no cita ninguna evidencia ni ninguna fuente para esta extraña afirmación que sin embargo no tiene una pizca de verdad. Rand era una filósofa y una novelista, nunca participó en política, y tenía poco interés en ella.
Weiss hace esta declaración como parte de un difuso pasaje que parece destinado a pintar a Rand como una falsa judía. Por qué insiste en hablar de su origen judío no está claro en absoluto; Rand era una atea convencida. Pero Weiss parece pensar que es importante hacerlo, y quiere que sepamos que ella no fue la típica judía, el tipo de judío pisoteado que él dice respetar.
Es una línea de razonamiento extraña, que revela más sobre Weiss que sobre Rand. Él dice de Rand, quien llegó a los Estados Unidos desde Rusia en 1926: “Su familia era judía, pero hablaban ruso y tenían poco en común con los judíos que hablaban yiddish, los judíos muertos de hambre que emigraron a América en grandes números. . . . Eran supersticiosos y religiosos. Aguantaron ser procesados, como si fuesen ganado, en Ellis Island [la isla en New York por donde solían entrar los inmigrantes a USA] y luego eran hacinados en viviendas baratas para trabajar bajo opresión en talleres y fábricas de polvorines … “. Weiss utiliza esta condensada e irrelevante alusión a la historia para crear un contraste con Rand, a quien pinta como una elitista, lo cual encaja totalmente con la incomprensión que tiene acerca de la obra de Rand. “Rand nunca trabajó en un taller o en una fábrica, y no fue dotada de empatía, por lo que veía a los dueños de las fábricas y a otros capitalistas, no como explotadores sin escrúpulos como eran vistos por sus empleados, sino como héroes, como los constructores y los cerebros de la sociedad”.
El propio Weiss es un anti-capitalista tan empedernido que ni siquiera puede imaginarse cómo alguien puede creer en el capitalismo por principio. Al parecer, sus propios puntos de vista están formados exclusivamente por las circunstancias que le han rodeado y por sus reacciones emocionales a ellas, así que supone que ese es el caso para el resto del mundo.
Y algunas de sus reacciones emocionales son más bien primitivas.
Insistiendo en machacar a los judíos y al capitalismo, Weiss nos dice: “Los únicos capitalistas que yo vi fueron los tenderos con exceso de trabajo, los taxistas gruñones medio-gitanos, y los vendedores ambulantes de la Calle 135. Ella [Rand] vio que un mercado libre, no regulado, era la institución que define una sociedad libre. Para mí, un mercado libre, no regulado, era Benny Meleny vendiendo fruta desde un puesto frente a una carnicería en Kingsbridge Road, gritando “¡Eeehhhh! ¡Tenemos melones aquí!” con su agudo acento yiddish, metiendo a escondidas fruta podrida en la bolsa, y contando diez unidades cuando le pedían una docena”.
Pues sí, esa es realmente una cita directa del libro (página 14). Y las hay peores. Weiss continúa: “El espíritu de Benny fue derivando hacia el centro de la ciudad, a Wall Street. En lugar de Benny Meleny como mi arquetipo de capitalista, había un nuevo reparto de personajes. . . . En lugar de Benny con su cara enrojecida y su camiseta manchada, estaba el defensor del comercio electrónico Bernie Madoff con su ropa interior monogramada. Los dos se fundían en mi percepción, el pez chico y el pez grande”.
Ese pasaje arroja bastante luz sobre lo que hay de errado con Weiss, pero no tiene nada que ver con Ayn Rand.
Weiss no parece tener ni la más remota idea de por qué ella mantuvo los puntos de vista que mantuvo. Dice: “Rand utiliza el término “pistola” del gobierno como una metáfora para cualquier cosa que Estado podría hacer que a ella no le gustara”. De hecho, ella usó “pistola” como una metáfora para el uso de la fuerza. El gobierno tiene el monopolio del uso de la fuerza, que es la razón fundamental por la que es una mala idea darle demasiado poder al gobierno. Si Weiss es incapaz de entender eso, entonces realmente no tiene por qué meterse a escribir un libro sobre la influencia de Ayn Rand.
Su falta de comprensión acerca de la obra de Rand es algo que él admite libremente. Dice que leyó tanto El Manantial como La Rebelión de Atlas hace mucho tiempo, que no está seguro de si los terminó o no, y que no los entendió. ¡Y quiere que aceptemos ciegamente lo que él dice que significan esos libros! Al no entender las ideas de Rand y al no  querer pensar – o ser incapaz de hacerlo – en base a principios, lo que hace es inventarse su propia interpretación de la obra de Rand, y luego proceder a destruir al hombre de paja que él ha creado.
Aunque Rand escribió numerosos ensayos explicando su filosofía – y aunque el énfasis de esa filosofía en el propio interés racional de cada uno está formalmente basado en metafísica, epistemología y ética – Weiss los ignora. En su lugar, ofrece un análisis basado en su propia incomprensión de las novelas de Rand. Tergiversa completamente sus puntos de vista, diciendo: “Lo que enfurecía a Ayn Rand era una cualidad humana diaria e indescriptible, una expresión de generosidad y desprendimiento”.
De hecho, Rand nunca tuvo ningún problema con la generosidad. Lo que ella repudiaba era la moralidad del sacrificio. En sus novelas, ella señala que las buenas intenciones no son suficientes; los supuestos bienhechores a menudo se engañan a sí mismos haciéndose creer que tienen todas las respuestas, cuando lo que realmente quieren es control. El control del Estado nos es presentado a menudo como siendo “por nuestro propio bien”, y esa es la maldad contra la cual Ayn Rand nos estaba previniendo. (Y eso es por lo que su obra sigue siendo popular, y por lo que está siendo tan comentada públicamente hoy día).
Weiss no consigue tener una visión del mundo que va más allá del jardín de infancia. Dice: “En El Manantial, Ayn Rand le enseña a cada adolescente alienado que ´No pasa nada por ser retraído. No necesitas amigos. No tienes que compartir. Es tu juguete. Quédatelo. Tu hermana pequeña puede conseguir su propio juguete´”.
El Manantial es una novela sobre adultos. En el mundo adulto, de hecho es conveniente quedarse con lo que uno gana. No existe una cesta gigante de juguetes desde la cual los trabajos, la comida y las viviendas puedan ser repartidas. Desde luego, ese es, en un cierto sentido, el punto más básico de la obra de Rand, y a la vez parece la cosa más básica que los izquierdistas no entienden. Es un triste hecho que hay mucha gente como Weiss, que por lo visto cree que lo único que se interpone entre nosotros y un mundo sin hambre y sin violencia es la capacidad de compartir nuestros juguetes.
El objetivo de Weiss al escribir este libro parece ser el de desacreditar a Rand y, por extensión, desacreditar al Tea Party. El libro es una serie de perfiles de gente que admira a Ayn Rand, y a cada uno de ellos Weiss lo encasilla y lo ridiculiza con su evaluación absurdamente imprecisa de la obra de Rand, y con su visión profundamente izquierdista del mundo.
Pero ni Ayn Rand ni el Tea Party son como Weiss los ve. Los principios del Tea Party son: un gobierno limitado, responsabilidad fiscal, adhesión a la Constitución y al estado de derecho, y libertad individual. La filosofía de Rand apoya estos principios, así que no es de extrañar que exista una conexión entre ellos. O Weiss no sabe estas cosas, o no quiere admitirlas.
Weiss dice que Rand “desarrolló un sistema de valores que puso patas arriba a los valores morales de la civilización occidental. . . . Ella creía en el individualismo y se oponía a las instituciones de la sociedad que benefician a grupos de personas, a las que condenó como siendo la maldad del “colectivismo”.”
Es preocupante el que Weiss no parezca entender que el individualismo es uno de los principales valores morales de la civilización occidental.
Y es triste que Weiss no entienda lo que Rand quería decir cuando hablaba de colectivismo, pero su pomposa descripción de lo que él imagina que ella rebatía deja bien claro que no tiene ni la más remota idea de nada (“instituciones de la sociedad que benefician a grupos de personas” – ¿qué estaría pensando, que Rand era una anarquista?).
Weiss está a la defensiva porque él mismo cree firmemente en el control del gobierno. Rechaza todo el concepto del capitalismo laissez-faire al llamarlo, deshonestamente, “capitalismo sin gobierno”. Weiss piensa que la crisis financiera del 2008 fue causada por “un fracaso de la desregulación y un capitalismo desbocado”, una posición irrisoria. Se burla de Paul Ryan por decir que las políticas del presidente Obama podrían haber salido directamente de una novela de Ayn Rand, una afirmación que es evidentemente verdadera.
Weiss termina su libro diciendo: “Tenemos que elegir: o nuestra herencia o la de Ayn Rand”. Pero él tiene una visión muy extraña de nuestra herencia. Con su visión infantil de la realidad, afirma: “Las palabras “capitalismo”, “mercado” y “libre empresa” no aparecen en ninguno de los documentos fundacionales de los Estados Unidos”.
Incapaz de pensar en principios, e ignorante, por lo visto, del propio concepto de principio, Weiss ni siquiera se ha dado cuenta de que existe una clara conexión entre la libre empresa y el derecho a la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad.
Weiss vive en el país más grandioso del mundo – un país fundado en el principio de la libertad – y ni se ha enterado.
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<< Traducción: Objetivismo.org >>
Citado por Harry Binswanger en su lista www.hblist.com
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 ÍNDICE
Introducción 9
Ayn Rand
1. La ética objetivista 19
Ayn Rand
2. La salud mental frente al misticismo y al autosacrificio 51
Nathaniel Branden
3. La ética de las emergencias 61
Ayn Rand
4. Los "conflictos" de intereses entre los hombres 71
Ayn Rand
5. ¿No somos todos egoístas? 81
Nathaniel Branden
6. La psicología del placer 87
Nathaniel Branden
7. ¿La vida no requiere transacciones? 97
Ayn Rand
8. ¿Cómo se puede tener una vida racional en una sociedad irracional? 101
Ayn Rand
9. El culto de la moral gris 107
Ayn Rand
10. Éticas colectivizadas 115
Ayn Rand
11. Los constructores de monumentos 123
Ayn Rand
12. Los derechos del hombre 133
Ayn Rand
13. "Derechos" colectivizados 145
Ayn Rand
14. La naturaleza del gobierno 153
Ayn Rand
15. Financiación del gobierno en una sociedad libre 165
Ayn Rand
16. El divino derecho al estancamiento 173
Nathaniel Branden
17. El racismo 181
Ayn Rand
18. El individualismo falsificado 195
Nathaniel Branden
19. La intimidación como argumento 201
Ayn Rand

INTRODUCCIÓN 
Ayn Rand 
El título de este libro puede suscitar el tipo de pregunta que me formulan de vez en cuando:

"¿Por qué utiliza la palabra 'egoísmo' para describir virtudes de carácter, cuando es incompatible con el concepto que tienen de ella muchas personas para las cuales no significa las cosas que usted desea expresar?" 

A quienes me lo preguntan, les contesto: 
"Por la misma razón por la que usted le teme".

Pero hay otros que no harían tal pregunta porque presienten la cobardía moral que implica y que, sin embargo, son incapaces de formular las razones que me mueven a usarla, o de identificar el profundo tema moral involucrado. 

Es a ellos a quienes daré una respuesta más explícita. 

No se trata de una simple cuestión semántica ni de una elección arbitraria. 
El significado que se da a la palabra "egoísmo" en el lenguaje popular no es meramente erróneo: representa una devastadora tergiversación intelectual, que es responsable, más que cualquier otro factor, de la paralización del desarrollo moral de la humanidad. 

En el uso popular, la palabra "egoísmo" es sinónimo de maldad; la imagen que evoca es la de un bruto sanguinario capaz de pisotear un sinnúmero de cadáveres para lograr sus fines, que no se preocupa por ningún ser viviente y que sólo persigue la satisfacción de caprichos súbitos e insensatos. 

Sin embargo, el significado exacto de la palabra "egoísmo" y su definición de acuerdo con el diccionario* es: La preocupación por los intereses personales. 

Este concepto no incluye una calificación moral; no nos dice si la preocupación sobre lo que a uno le interesa es buena o mala, ni qué es lo que constituye los intereses reales del hombre. La respuesta a esa pregunta corresponde a la ética. 
La ética del altruismo ha creado como respuesta la imagen del bruto para lograr que los seres humanos acepten dos dogmas inhumanos: 
a) que ocuparse del interés personal es malo, sea cual fuere tal interés, y 
b) que las actividades de ese bruto son, de hecho, de interés personal (al cual debe el hombre renunciar, como le ordena el altruismo, en favor de su vecino). 
Para obtener una explicación de la naturaleza del altruismo, sus consecuencias y la enormidad de la corrupción moral que perpetra, referiré al lector a mi obra 
La rebelión de Atlas o a los encabezamientos de cualquiera de los diarios actuales. 

Lo que nos ocupa aquí es el delito de omisión del altruismo en el terreno de la teoría ética. 

Existen dos cuestiones de moral que el altruismo reúne en un solo "paquete": 
1) ¿Qué son los valores? 
2) ¿Quién debe ser el beneficiario de los valores? 

El altruismo reemplaza a la primera por la segunda: elude la tarea de definir un código de valores morales y deja así al ser humano, de hecho, sin guía moral. El altruismo declara que toda acción realizada en beneficio de los demás es buena y toda acción realizada en beneficio propio es mala. Así resulta que el beneficiario de una acción es el único criterio de comparación del valor moral de ésta, y mientras el beneficiario sea cualquiera salvo uno mismo, todo está permitido. 
De ahí la espantosa inmoralidad, la injusticia crónica, la grotesca duplicidad de los valores, los conflictos y contradicciones 
* La autora se refiere a diccionarios de la lengua inglesa. [N. del T.]  insolubles que han caracterizado a las relaciones humanas, así como también a las sociedades humanas, a lo largo de la historia, con cualquiera de las variantes de la ética altruista. 

Obsérvese la indecencia de lo que hoy en día se considera juicio moral. A un industrial que amasa una fortuna y a un delincuente que asalta un banco se los considera igualmente inmorales, dado que ambos buscan obtener riqueza para su propio beneficio "egoísta". Se piensa que un hombre que abandona su carrera con el fin de mantener a sus padres y que, por ello, nunca podrá llegar a ser más que un empleado de almacén es moralmente superior al joven que se esfuerza y, después de soportar enormes dificultades, logra hacer realidad su ambición personal. 
Se considera que un dictador es moral, dado que las inenarrables atrocidades que comete se llevan a cabo para beneficiar a "la gente", no a sí mismo. Obsérvese lo que este criterio moral del beneficiario hace a la vida de un hombre. 
Lo primero que aprende es que la moralidad es su enemigo; nada tiene que ganar con ella, sólo puede perder; todo lo que puede esperar son la pérdida y el dolor autoinfligidos y el gris manto de un deber incomprensible. 
Podrá esperar que otros, ocasionalmente, se sacrifiquen en su beneficio, así como él se sacrifica de mala gana por el de ellos, pero sabe que tal relación sólo producirá resentimientos mutuos, no placer, y que, moralmente, la búsqueda de valores que realicen será como un intercambio de regalos de Navidad, ni elegidos ni deseados, que ninguno de ellos está moralmente autorizado a comprar para sí mismo. 
Fuera de los momentos en los que consiga realizar algún acto de autosacrificio, carecerá, como persona, de toda significación moral; la moralidad no lo tiene en cuenta a él, y nada tiene para decirle con el fin de guiarlo en las cuestiones cruciales de su vida; ésa es sólo su vida personal, privada, "egoísta" y, como tal, se la considera malvada o, en el mejor de los casos, amoral. 
Dado que la naturaleza no provee al hombre de una forma de supervivencia automática, ya que debe mantenerse con vida mediante 11 su esfuerzo personal, la doctrina que dictamina que es malo preocuparse por el interés personal significa, en consecuencia, que el deseo de vivir es malo, que la vida humana, como tal, es mala. Ninguna doctrina podría ser más malvada que ésta. Sin embargo, es ése el significado del altruismo, implícito en ejemplos tales como la equivalencia entre un industrial y un ladrón. Existe una diferencia moral fundamental entre el hombre que halla su interés personal en la producción y aquel que lo encuentra en el robo. La maldad de un ladrón no consiste en el hecho de que persigue su interés personal, sino en lo que él considera que es su interés personal; no en el hecho de que persigue sus valores, sino en qué es lo que elige como valor; no en el hecho de que desea vivir, sino en el hecho de que desea vivir en un nivel subhumano (véase "La ética objetivista", p. 19). Si es cierto que mi concepto del "egoísmo" no es lo que se considera convencionalmente como tal, entonces ésta es una de las peores acusaciones que pueden hacerse contra el altruismo; significa que el altruismo no permite concepto alguno que describa a un hombre que se respete a sí mismo, un hombre cuya vida se sostenga por su esfuerzo personal, y ni se sacrifique por otros ni sacrifique a otros para su propio beneficio. 
Significa que la única visión que el altruismo permite de los hombres es la de animales sacrificables o beneficiarios de sacrificios ajenos, la de víctimas y parásitos, que no permite ni el concepto de una coexistencia benévola entre los hombres ni el de justicia. 
Si nos preguntamos cuáles son las razones que subyacen en la fea mezcla de cinismo y culpa en la que pasa su vida la mayoría de los hombres, diremos que son éstas: cinismo, porque ni practican ni aceptan la moralidad altruista; culpa, porque no se atreven a rechazarla. 
Para oponerse a una maldad tan devastadora, es necesario rebelarse contra sus premisas básicas. 
Para redimir tanto al hombre como a la moral, hay que redimir al concepto de "egoísmo". 

El primer paso es afirmar que el hombre tiene derecho a una existencia moral racional, es decir, reconocer su necesidad de un código moral que guíe el curso y la realización de su propia vida. En el capítulo "La ética objetivista" (p. 19) hago una breve descripción de la naturaleza y la validez de una moral racional. Las razones por las cuales el hombre necesita un código moral nos indicarán que el propósito de la moral es definir los valores e intereses correctos del hombre, que la preocupación por el propio interés es la esencia de una existencia moral y que el hombre debe ser el beneficiario de sus propias acciones morales. 
Dado que todos los valores han de ser obtenidos y/o retenidos por las acciones del hombre, toda brecha entre actor y beneficiario implica una injusticia: el sacrificio de algunos hombres para favorecer a otros, de los que actúan en beneficio de los que no actúan, de los que son morales en favor de los inmorales. Nada puede justificar tal brecha, ni jamás podrá justificarla. 
La elección del beneficiario de los valores morales es meramente una cuestión preliminar o introductoria en el campo de la moral. 
No es un sustituto de la moral ni una norma para juzgar el valor moral, como lo presenta el altruismo. Tampoco es un fundamento moral, el cual ha de ser derivado de las premisas fundamentales de un sistema moral y validado por ellas. La ética objetivista sostiene que el actor siempre debe ser el beneficiario de sus acciones y que el hombre tiene que actuar en favor de su propio interés racional. 
Pero su derecho a actuar así deriva de su naturaleza de ser humano y de la función de los valores morales en la vida humana; en consecuencia, es aplicable únicamente en el contexto de un código de principios morales racional, demostrado y validado de manera objetiva, que defina y determine sus auténticos intereses personales. No es un permiso para "hacer lo que se le antoje", y no es aplicable a la imagen del altruismo de un bruto "egoísta", ni a cualquier hombre motivado por emociones, sentimientos, urgencias, deseos o caprichos irracionales. 

Aclaro esto como una advertencia sobre los "egoístas nietzscheanos" que, de hecho, son un producto de la moralidad altruista y representan la otra cara de la moneda altruista: los hombres que creen que toda acción, cualquiera que sea su naturaleza, es buena siempre que tenga como objetivo el propio beneficio. 
Así como la satisfacción de los deseos irracionales de los demás no es un criterio de valor moral, tampoco lo es la satisfacción de los deseos irracionales de uno mismo. La moralidad no es una competencia de caprichos (véanse los capítulos "¿No somos todos egoístas?", p. 81, y "El individualismo falsificado", p. 195). 
Un error similar es el que comete quien declara que, dado que el hombre debe ser guiado por su propio juicio independiente, toda acción que elige realizar es moral si es él mismo quien la elige. 

El juicio personal independiente es el medio por el cual se habrán de elegir las acciones personales pero no es una norma moral, ni tampoco una validación moral: sólo la referencia a un principio demostrable puede validar las elecciones personales. Así como el hombre no puede sobrevivir por medios arbitrarios, sino que debe descubrir y practicar los principios que su supervivencia requiere, tampoco puede el interés personal del ser humano estar determinado por ciegos deseos o caprichos arbitrarios, sino que debe ser descubierto y logrado mediante la guía de principios racionales. 
Esta es la razón por la cual la ética objetivista es una moral de interés personal racional o de egoísmo racional. Dado que el egoísmo es "la preocupación por el interés personal", la ética objetivista utiliza este concepto en su exacto y más puro sentido. No se trata de un concepto al que se puede renunciar frente a los enemigos del hombre, ni frente a las equivocaciones irreflexivas, las distorsiones, los prejuicios y los miedos de los ignorantes y los irrar cionales. 
El ataque contra el "egoísmo" es un ataque contra la autoestima del hombre; renunciar a uno es renunciar a la otra. Agrego unas palabras sobre el material contenido en este libro. 

Con la excepción de la conferencia sobre ética, (p. 19), se trata de una colección de ensayos que han aparecido en The Objectivist Newsletter (Noticiero Objetivista), una revista mensual de ideas editada y publicada por Nathaniel Branden y por mí. 
El Noticiero trata de la aplicación de la filosofía del objetivismo a las cuestiones y problemas de la cultura actual, más específicamente, al nivel intermedio de análisis intelectual que se encuentra entre las abstracciones filosóficas y los hechos concretos, periodísticos, de la existencia diaria. 

Su propósito es proporcionar a los lectores un marco de referencia filosófico coherente. 
Esta colección no es un tratado sistemático de ética, sino una serie de ensayos sobre aquellos temas éticos que requieren aclaración, en el contexto actual, o que han sido extremadamente confundidos por la influencia del altruismo. 
Se verá que los títulos de algunos ensayos están formulados en forma de preguntas. Esto se debe a que surgen del "Departamento de Suministros Intelectuales" ("Intellectual Ammunition Department") de la revista citada, que responde a las preguntas planteadas por nuestros lectores. 

Nueva York, septiembre de 1964

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